El
descubrimiento de la electricidad representó uno de los mayores avances de la
revolución industrial. Por otra parte, también causó la muerte desde su
descubrimiento. Jex-Blake y cols. describieron la muerte en 1879 de un
trabajador al recibir 250 voltios de corriente alterna. Desde entonces ha
aparecido un gran número de publicaciones sobre lesiones eléctricas, seguidas
de investigaciones clínicas y experimentales sobre la fisiopatología de esta
lesión. El hallazgo más notable fue la alta incidencia de muerte tras el
contacto con la electricidad y que esta no dependía solamente de la magnitud de
la tensión eléctrica.
La
electricidad puede provocar lesiones de gravedad muy variable sobre el
organismo, que pueden oscilar desde una sensación desagradable ante una
exposición breve de baja intensidad hasta la muerte súbita por
electrocución.
Las
dos principales fuentes de electricidad que habitualmente causan lesiones son:
la electricidad doméstica o industrial, y la atmosférica por medio del
rayo.
Algunas
publicaciones incluyen muertes tras la exposición a 46 voltios o después de la
aplicación terapéutica de corrientes entre 30-50 voltios.
Aunque existen pocos datos sobre lesiones por bajo voltaje y como su morbilidad
difiere de las lesiones por alto voltaje.
Actualmente
a pesar de los grandes avances en sistemas de seguridad, las quemaduras por
electricidad suponen un 4 a 6% de los ingresos en las unidades de quemados en
los Estados Unidos con más de 800 muertes al año. En Andalucía se
registran 18 muertes anuales (Instituto Nacional de Estadística 1992-94) por
electrocución. Todos eran varones. La mayoría de los accidentes son laborales,
con edades comprendidas entre los 15 y los 40 años, mientras que en los
domicilios son frecuentes los accidentes infantiles y afectan a adultos cuando
se manipulan electrodomésticos, calentadores eléctricos y secadores en el
baño.
El
60 a 70% de las lesiones eléctricas son debidas a corrientes de bajo voltaje y
provocan aproximadamente la mitad de las muertes por electrocución,
constituyendo el 1% de las muertes de los accidentes en el hogar.
Más
del 20% de las lesiones eléctricas ocurren en niños. Su naturaleza inquisitiva
y su habito para explorar todo lo que le rodea con la boca contribuye
directamente a la más frecuente de las lesiones en los niños: la quemadura
perioral.
Los
rayos son fenómenos atmosférico naturales. Se estiman más de 50.000 tormentas y
8 millones de rayos al día en todo el mundo.
La
incidencia y mortalidad por fulguración son muy difíciles de determinar ya que
no existen agencias que registren estas lesiones y por otra parte muchas
víctimas no reciben tratamiento en el momento del accidente. Sin embargo, solo
en USA se calculan de 75 a 150 muertes por año y más de 1500 víctimas
menores. Los accidentes por rayo implican generalmente a más de una
víctima al saltar la corriente de un individuo a otro o a través de la tierra
alcanzando a un grupo de personas que se ha refugiado de la tormenta




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